Ore Monogatari

La industria del anime ya no es lo que era. Historias que hemos visto decenas de veces se repiten una y otra vez. Encima si nos enfocamos en un género como es el shoujo, decir que lo hemos visto todo no sería una exageración. Sin embargo, aún hay veces en las que llega una serie que pese a ser ese mismo de siempre te recuerda que no todo está perdido. El año pasado fue el caso de Ao haru ride, esta vez le toca el turno a Ore Monogatari, una historia que está haciendo amar de nuevo el shoujo hasta a las más exigentes. 



Como os decía, Ore Monogatari probablemente sea ese temido más de lo mismo, la historia no se diferencia mucho de todos esos animes que hemos visto hasta ahora y sí, es igual de pasteloso que otros tantos del género. Sin embargo sí que hay algo que llama la atención de Ore Monogatari ya desde el primer capítulo, y es que finalmente no es tan de lo mismo como parece a simple vista. El esquema de chica se enamora del chico más popular/guapo del instituto aquí cae prácticamente en su totalidad. Para empezar, nos encontramos que la historia en esta ocasión está contada desde el punto de vista masculino, algo que no es muy habitual en justamente este tipo de animes. Tampoco hay chico protagonista guapo y perfecto (bueno, realmente sí que lo hay, pero es su mejor amigo), sino ese chico que se puede ver en la primera foto. Takeo es un chico de instituto de casi dos metros de altura, corpulento y no muy agraciado físicamente que digamos, tampoco es que sea muy popular entre las chicas pero su capacidad para los deportes (y cualquier tipo de actividad física en general) y su forma de ser hace que sea muy apreciado por sus compañeros de clase. A Takeo siempre lo acompaña su mejor amigo de la infancia, Makoto (que además es su vecino) y que es todo lo contrario que él, guapo, perfecto y que ama los libros por encima de todo lo demás.

Pero la parte en la que realmente empieza todo es cuando Takeo salva a una chica en el metro que está siendo acosada por un hombre, sobra decir que él se enamora de ella perdidamente a primera vista y que, por algún extraño motivo, es correspondido. A partir de ese momento Takeo, Makoto y Rinko empezarán a quedar, convirtiéndose gradualmente en buenos amigos. Sin embargo, Ore Monogatari no se queda a un nivel tan superficial, el amor y la amistad juegan un papel fundamental en esta historia en la que también hay momentos para ponernos serios. Ya sea en la relación de Takeo con Makoto o en la de Takeo con Rinko, existen flaquezas, malentendidos, descuidos o actos que se sacan de contexto, cosas que se callan y no se dicen, todo ello influye que no todo sea tan perfecto. La historia de Ore Monogatari gusta justamente por eso, por ser tan cotidiana y normal, el día a día de Takeo y sus quedadas con sus amigos, su relación con Rinko y sus otras amistades, su familia y sus preocupaciones. No saber cómo comportarse en algunas situaciones en este primer amor, cómo enfrentarse a ellas cuando las cosas no van bien.


Otro de sus aciertos es que los personajes están construidos de tal manera que no te resultan indiferentes (ya sean los principales o algunos de los secundarios). Takeo cuenta con un fuerte código moral, hacer las cosas del modo correcto es muy importante para él, aunque muchas veces tenga que interponer a los demás antes que a él mismo. La felicidad del otro es más importante que la suya propia. Tampoco duda en ponerse en peligro, como tendremos ocasión de descubrir en algún episodio. Ama, sufre y tiene sus dudas y a través de la pantalla logra transmitirte todo eso. Makoto es uno de sus mejores amigos porque siempre han ido al mismo colegio y encima son vecinos pero sus personalidades son totalmente contrarias. Él no tiene tanta facilidad como Takeo para interactuar con los demás, prefiere aislarse con sus libros, tener a Takeo y a su familia le parece suficiente. Pero pese a su carácter tranquilo y callado, sabe desenvolverse en muchas situaciones diferentes, además de actuar con cabeza. En cambio Rinko cumple todos los clichés establecidos del género. Es guapa, pequeña, mona, viste bien, le encanta cocinar y es adorable. Por eso es por lo que Takeo está tan enamorado de ella. Pero a medida que van pasado los capítulos podemos observar un ligero cambio de actitud en todos ellos, avanzan, crecen, los conocemos un poco más, y eso siempre se agradece.

Quizás el único problema de Ore Monogatari es que sea a veces demasiado pasteloso, he perdido la cuenta de las veces que Takeo piensa para sí lo mucho que quiere a Rinko y las situaciones que os harán subir el azúcar son incontables. Pese a todo ello considero que Ore Monogatari resulta ser, si no un soplo de aire fresco, por lo menos un anime que se sale de lo establecido. Se agradece no tener el esquema de siempre, al protagonista de siempre, poder diferenciar a sus personajes de otros tantos que abundan en el género. Dulce, tierna, pastelosa, inocente, cotidiana, son muchas las palabras que se me ocurren para calificarla. Probablemente sea uno de los animes que más he disfrutado viendo este año. Para acabar me gustaría añadir que si hay alguien que prefiera el manga, también existe, así que ya no tenéis excusa para darle una oportunidad. Ya sea por si habéis perdido la ilusión en el género hace tiempo pero os gustaría recuperarla (aunque sea temporalmente) o por la razón que sea, Ore Monogatari es un anime que merece la pena.

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